A contracorriente

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Emociones como la culpa, la vergüenza o el miedo pueden dificultarte disfrutar de tu sexualidad, y provocarte insatisfacción o malestar.

La vivencia de la sexualidad está íntimamente relacionada con el entorno social y cultural, que marcan la psicología de la persona. En entornos sociales y legales en los que la homosexualidad está penalizada, perseguida o es rechazada es difícil que la persona pueda vivir su sexualidad sin que estas emociones aparezcan e influyan en su autoestima y en la imagen que tiene de sí mismo. Cuanto mayor sea el rechazo que siente la persona hacia su propia homosexualidad más difícil resulta el cuidado y disfrute de su salud sexual. Esta vivencia permanece aunque la persona se desplace a otros entornos.

Una vivencia negativa de la propia homosexualidad puede dificultar el sentirte confiado para expresar tus deseos y pedir lo que quieres, o para poner los límites que te permitan sentirte tranquilo y satisfecho, o decir “no” al sexo que no quieras tener. También puede generar miedos irracionales a posibles infecciones; miedo al rechazo (de nuestro comportamiento, de nuestros deseos, de algunas partes de nuestro cuerpo…); relaciones de dependencia; aislamiento o sentimientos de soledad; rechazo de la imagen corporal; sexualidad vivida como descarga o centrada en la genitalidad, prácticas de riesgo…

Este proceso puede verse acentuado si la persona pertenece a una minoría discriminada dentro de su propio colectivo, ya sea por tener pluma, por el tipo de cuerpo, por follar mucho, por ser pasivo, por ser mayor, por tener el VIH, por tomar drogas…

Pueden ayudar a desarrollar una vivencia más satisfactoria de la sexualidad tomar conciencia de:

  • Cuáles son mis necesidades y expectativas en mis relaciones sexuales.
  • Cuáles son mis miedos, creencias y prejuicios respecto a la sexualidad y la homosexualidad.
  • Cómo vivo mi homosexualidad.
  • Cuáles son mis cualidades, atributos físicos, habilidades, características mías me dan placer a mí y a mis parejas.
  • Tener información sobre cómo cuidar mi salud sexual y habilidades para poder negociar el sexo que quiero.

Existen ONGs como Stop que ofrecen espacios para abordar estas cuestiones, ya sea a través de talleres o de atención individualizada.

El activismo de las ONGs LGTB resulta imprescindible para cambiar los contextos sociales y legales en los que poder desarrollar una vivencia plena de la sexualidad.


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